miércoles, 30 de septiembre de 2009

Entrevista a la 'ecofeminista' Vandana Shiva



'EN EL MUNDO HAY HOY MÁS COMIDA QUE NUNCA Y 1.000 MILLONES DE HAMBRIENTOS'

Por Rosa M. Tristán - El Mundo

Shiva critica la postura del Gobierno español con los transgénicos. Apuesta por una agricultura orgánica frente a los transgénicos. Ha recibido el Premio Internacional Yo Dona por su labor humanitaria.
La activista ambiental y Premio Yo Dona 2009 denuncia el hambre que generan las semillas transgénicas en el mundo.
Vandana Shiva lleva toda la vida luchando contra el monocultivo de la tierra, pero también de la mente. Nacida en el norte de la India, Shiva inició su formación como Física cuántica, pero pronto comprendió que había muchas batallas pacíficas que librar contra la injusticia y la codicia y que las mujeres debían tomar la batuta.
Ahora, a sus 56 años, es filósofa, ecologista, escritora... y sobre todo una activista contra la destrucción de la naturaleza y «la miseria que acarrea un sistema de producción de alimentos. Hace unos días, Shiva ha recibido el Premio Internacional 'Yo Dona' por su labor humanitaria, uno más que sumar a la larga lista en la que también está el Premio Nobel Alternativo, en 1993.

Pregunta.- ¿Qué le hizo cambiar el rumbo como física?
Respuesta.- Mi padre era conservador medioambiental en un valle del Himalaya, pero el cambio fue en la Universidad, donde me hice voluntaria del movimiento Chipko. Eran mujeres que protegían los árboles. Al acabar los estudios creé una ONG de investigación independiente porque me di cuenta de que quienes cortaban los árboles eran quienes hacían los informes, y el resultado siempre era a su favor. La gente necesitaba sus propias investigaciones. El lema era que había que dejar de robar a la Naturaleza y que debía hacerse desde una perspectiva femenina. Y se basaba en que el conocimiento es necesario para la acción en defensa de los derechos de ambas. Yo soy física, pero ese título no basta. A menudo, los expertos bloquean las acciones porque saben mucho de un tema y no son conscientes de lo que no saben. Por ello es importante escuchar a todos, a la gente normal, a las mujeres, aunque no tengan títulos.

P.- Luego creó la ONG Navdanya, opuesta a los cultivos transgénicos.
R.- Sí, su fin es proteger la biodiversidad y las semillas, cuyo conocimiento ancestral siempre ha estado en manos de las mujeres. Han sido 25 años de duro trabajo para ayudar a los pequeños granjeros a cultivar semillas orgánicas. Y ahora consiguen mejores resultados que quienes plantan los transgénicos de Monsanto. Con la amenaza del cambio climático, estas semillas del banco de Navdanya son la solución y no están patentadas. Cuando hay ciclones o sequías, las repartimos a los campesinos, a medio millón de personas. Además, son mejores para los consumidores que las que vienen de Occidente, cuyos frutos no tienen sabor. En nuestro banco tenemos semillas que combaten el cambio climático y vegetales de infinidad de clases: 20 tipos de patatas, 10 de berenjenas, etcétera.

P.- ¿Qué es el ecofeminismo?
R.- Contar con la conciencia verde de las mujeres para evitar el binomio entre dominación y destrucción. La percepción masculina es que se puede mantener parte del medio ambiente y destruir la otra. Y si surgen problemas, se buscan soluciones. La perspectiva de la mujer es social. Se basa en la conexión entre el derecho a la alimentación de todos y la protección de la naturaleza. Si un niño tiene cáncer porque el agua está contaminada, sabe que hay que luchar contra lo que lo desencadena. Y como ejemplo, las mujeres que lucharon contra Coca-Cola en Kerala por ensuciar su agua potable, o las de Bhopal. Son las últimas expertas en supervivencia.

P.- ¿Hacia dónde cree que va la producción mundial de alimentos?
R.- La alimentación de la Humanidad cada vez depende de menos alimentos (soja, arroz, trigo y maíz). Y es porque unas pocas multinacionales controlan todas las semillas. Patentan una semilla de maíz y la distribuyen por el mundo. El segundo cambio importante es el comercio. La globalización no ha significado el libre comercio de comida de unos países a otros; al contrario, se aplasta a los países que pueden producirla. A cambio, mil millones de personas pasan hambre. En un mundo que produce más comida que nunca, en India el consumo per cápita ha caído de 270 kilos al año a 150 kilos, menos que en la gran crisis alimentaria de Bengala [1945]. Hoy el 70% de los niños están mal nutridos y las mujeres están anémicas porque plantan semillas sin hierro. En Navdanya tenemos un plan de nueve semillas, que son las básicas para la vida.

P.- ¿Y qué fue de la famosa Revolución Verde en India?
R.- Hoy hablar de Revolución Verde cómo solución es absurdo. Ya lo escribí en 1984. Incluso en Punjab, donde se vendía como un éxito, creció el terrorismo acuciado por el hambre. Los campesinos tomaron las armas y murieron 30.000 personas. Incluso el conflicto mató a Indira Ghandi. La Revolución Verde sólo produjo más arroz y trigo porque hubo más irrigación. Lo malo es que se usan pesticidas para semillas transgénicas a las que no afectan esos productos. Y las familias se endeudan al comprar estos productos. Hipotecan hasta las tierras. Hoy, quienes pasan más hambre son los productores de comida porque no pueden comer lo que han sembrado. La industria química, la revolución verde y los transgénicos se basan en la muerte. Lo venden como milagroso, pero cuando sustituyes ciencia por mitología, nunca puedes saber si tus colegas científicos te van a mentir. Y la Revolución Verde es en un mito.

P.- ¿Cree que los científicos tienen responsabilidad?
R.- Por supuesto. La responsabilidad está desde el científico que en su laboratorio hace una semilla que afectará al medio ambiente, hasta los políticos que redireccionan hacia los transgénicos presupuestos que deberían ir a la agricultura orgánica.

P.- Un cambio es que ya no se venden como el fin del hambre, sino la solución al cambio climático.
R.- Es verdad. Y lo que hacen es robar el conocimiento que los agricultores consiguieron durante milenios, y también la naturaleza. Venden trigo de bajo gluten, o arroz basmati, o el neem, como sus inventos. Pero ya existían. Y cuando cambias un gen en una planta, no sabes cómo va a afectar a los demás, si saldrá una planta inestable. Pero como hay pánico al cambio climático, ofrecen la solución milagrosa.

P.- ¿Y transgénicos sin patentes?
R.- Incluso así los científicos independientes deberían comprobar que no tienen riesgo. Porque ni siquiera producen más. Monsanto dijo que sus semillas de algodón darían 50.000 kilos por acre en cada cosecha, pero nosotros hemos seguido todo el proceso y realmente son 400. Ahora, un informe de la ONU, en el que 400 científicos han trabajado durante cuatro años, compara los resultados de la agricultura transgénica, la de la Revolución Verde y la orgánica y han comprobado que los mejores resultados se dan en la última. Lo que pasa es que se potencia la agricultura industrial frente a los jóvenes que quieren volver al campo.

P.-El Gobierno español apoya a los transgénicos. Tenemos 80.000 hectáreas plantadas...
R.- Yo le diría que se fije en sus vecinos (Francia, Hungría, Austria) que los han vetado. Los españoles se merecen más y mejor de lo que tienen. El Gobierno debería protegerles de los transgénicos y falla al no hacer investigaciones independientes sobre sus efectos. Pero como no hay regulación, proliferan.

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